Se me agotan

Se me están agotando los inviernos,

las horas frías, la lumbre en el hogar,

el puchero sin alma en la cocina,

a base de añorarte.

 

Se me agotaron las lágrimas

que bañaron la tierra,

a falta de lluvia, en días de secano

y se agotan, también, las horas

en que, mansamente, rezaba oraciones

y me abstraía entre lirios y fríos despertares.

 

Se me agotaron las fuerzas de llamarte

y las manos, se dejaron la piel entre  las espinas

de todas las rosas que cultivé

por si volvías…

Se me agotaron los inviernos de esperarte.

María Toca

Santander 18-08-2019.  13,02

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Viviendo gota a gota

Ahora sé que el destino coge desprevenida,

toma la mano, casi sin darnos cuenta

y sigilosamente  la dirige hacia al despeño,

sin permiso, ni aviso que prevenga.

Ahora sé que las horas a veces se suceden

entre pozos profundos de amargura

o vanas alegrías, frágiles y breves

que duran apenas un suspiro

quebrado por  la  brisa de un azar  imprevisto,

las más veces, acidulado y triste.

Aprendí malamente

que al despilfarro de alegría

le sigue casi siempre

una alargada oda de tristura;

que si vuelas muy alto,

la caída es amarga, dolorida y más triste,

prueba de que el  vuelo era, a veces tan falsario,

apenas sueño irreal

tan solo juego o éter acidulado.

Comprobé en propia piel

que las amargas horas que siguen al  dolor

se viven siempre en soledad ungida

de amarga complacencia con la vida;

 que el sabor salado de las lágrimas

son solo antecedentes del miedo

que se instala en el alma, como fiera costumbre.

Aprendí muchas cosas, no solo esas,

también sentí la risa, el beso del amor

y el fuego que se instala en el corazón

cuando el amor o la pasión, lo prende.

 

Y se goza, y se ríe, y se piensa

que jamás pagaremos  soldada

que toda felicidad conlleva sin demora.

Lo aprendí aquí, viviendo

y exprimiendo la vida, gota a gota.

María Toca

El Puntal 17-08-2019, 13,08

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Quiero y no quiero

Quiero sostener manos,

enfriar frentes cuando la fiebre apriete

refrescar tempestades cuando arrecien los mares,

en tormentosas noches, arropar la cama desvalida,

acongojar el alma con las penas ajenas…

hacerlas mías. Y luchar  mil batallas,

aunque  gane, apenas unas pocas.

Quiero cabalgar por el aire

en busca de libertades varias,

escrutar horizontes, esos que me enseñan

a caminar en paz descubriendo colores.

Y al fin, quiero amar,  ser amada,

y si tengo que elegir, prefiero vivir sola

que encadenada con pulseras de honores

de esas que asfixian y ahogan el grito

que se expande y agrieta el muro

que labramos de contención y fuerza.

Lo que no quiero es atar con cadenas

diciendo que es amor, cuando solo es costumbre…

Mermar la libertad de nadie,

por más que me sustenten

las caricias y penas que me puedan socavar;

el dejar que los que amo

emprendan el vuelo, lejos,

de mí y de mis sentires.

 

Por más que me laceren las ausencias

y miedos, con sus fieros puñales.

Todo eso quiero…

María Toca

Santander-15-08-2019. 21,27

 

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Grito de mar

Hay una mezcla de rabia y de dolor
entretelada de ira contenida…
Hoy, mañana, quizá también pasado
me encuentre en la misma tesitura
de un enojo que me traspasa la conciencia.

Que grito daremos que se escuche,
qué fuerza tendrán que hacer las manos
de tantas como bregamos con la culpa
de unos pocos que labran los destinos
de los nadie, de esos que sobran
y no encuentran más cobijo
que una mar brava que los funde
con la aquiescencia del poder.

¡Qué inacción me ahoga!
que grito se me anuda en la garganta
cuando veo mercenarios de la muerte
empeñados en que son algo mejor
que los que nadan a contracorriente de la historia.

Nacieron en mal sitio, eso nos dicen,
nos vienen a invadir nuestra nación,
mil peligros acechan si se llegan,
a nuestras costas. Mas yo solo veo
gente común, niños con hambre,
mujeres solas, hombres desesperados.
Como yo. Como tú…casi como ellos.

No tengo voz para levantar
ni pulso en mi mano que empuñar…
me queda solo la palabra,
esta, que escribo, y la desolación
de saberme inane a la injusticia
incapaz de navegar en la ilusión
de conocer un mundo justo y limpio
donde cotice la justicia
y las lágrimas de un niño
sean una excepción.
M. Toca
Santander- 13-08-2016. 17,12

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Se marcha

De vuelta. Regreso al lento discurrir de horas

en somnolencia y grave cobardía,

de escuchar el sonido irrelevante

de un silencio condensado de detalles

que apenas marcan las horas con reproches.

De vuelta, a la costumbre, a la fiereza de los días

en que la rutina nos invade. Retorno

a la suave cadencia del  tiempo

que paso ensimismada o enarbolando

cuitas y desastres solapados

y dejo las preguntas, las risas y los ruidos

al socaire de otras vidas, ignoradas,

mientras en mi casa se desvanece

el dulce presagio del amor que torna

cada tiempo a renovar mi sangre y mis costumbres.

Marchó la alegría, las preguntas,

los abrazos somnolientos,

con que recibimos la mañana

y deja un vacío inabarcable,

cada vez más  profundo, insoslayable,

marchitando, de golpe, las respuestas

que en mis labios se brotan,

como flores incombustibles de alabanza.

Salió de mi casa la pequeña, firme,

con los ojos hechos de despedida,

tan  brillantes como  livianamente afligidos,

en la boca dibujada  una mueca de tristura

que deja, con sus huellas, en mi sangre

las pocas alegrías que me restan.

Por eso, apagué las luces de mi alcoba,

cerré puertas, vados y ventanas

y encendí la vela que alumbrará

tibias madrugadas, hasta el reencuentro

que emergerá breve

tal  como si no hubiera un mañana.

María Toca

Santander-11-08-2019.  20,11

 

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Los miedos

Se rompieron los miedos, a base de vivirlos

de acrecentarlos todos, de sumergirme en ellos

y a poco, se hicieron  hasta amigos,

al pasar en volandas, tras de su destino

que me llevó con soga,

a caminar  senderos escarpados

que esculpieron temores y fantasmas umbríos.

Como en la mar altiva, me sumergí,

en los viejos  horrores que antes me amedrentaban

y luego al conocerlos ya los vi tan sutiles,

que casi, sin quererlo, los vencí por hastío.

Por eso ya no temo.

Ni me asustan las sombras,

porque una a una fui conociendo a todas

y ahora sé, que eran solo fantasmas

que mi miedo creaba.

Por eso, por conocidos,

sé que ya  no los temo.

  1. María Toca

 

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Presto: la marcha

De cualquier forma,

desarreglada contrita

o contrahecha,

he conseguido pacificar

hoy mi jardín.

He puesto en orden esta huerta

sembrada de despojos y de miasmas…

He recogido los aperos

y amontonado los rastrojos

en una esquina, bien callada,

donde los pájaros llegan,

se amilanan y se quedan.

Ordenados, silentes, con cordura

los oropeles, sinsabores

que atenazaron mis locuras

poniendo, hoy ¡por fin!

orden y concierto en mis días.

Y mis noches se han recobrado

de la inabarcable locura que henchía,

una vida, solazada

y ataviada con vestidos

que fueron disfraz y marejada

de viejas costumbres

acadabradas de locura.

Hoy, en hora, mi reloj

está puntual, unificado con la vida;

al fin puedo decir con cierta calma

que todo está en orden

y  al punto,  a fin de

comenzar  presto la marcha.

María Toca

Santander-3-8-2019. 11,45

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