La fotografía

Un instante, una visión, una foto

de un momento. Una emoción emancipada,

un minuto, o menos. Casi nada…

entrevisto en el marasmo

de las cosas bien guardadas

que saltan a la vista, escarmentada.

Una imagen que me conduce

de la mano, hacia un tiempo pasado

en reproche con éste, solitario

y en retroceso con la nada

que auspicia la desolación anticipada.

Un momento que fue feliz

quedó plasmado por la cámara

un minuto, apenas nada

que hoy me vuelve los ojos

hacia el tiempo en que las cosas

caminaban por la cuesta de bajada.

Un instante. Un lugar,

una imagen fugaz,

apenas carencia que me invade.

Me sonríen los fantasmas

de aquel día enmarañado en la memoria

bajo el auspicio de un mañana

que me llegue, al fin,

en desolada confluencia con la nada.

María Toca

Santander- 19-04-2018, 14,47

 

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Los Cantamañanas

Los Cantamañanas

Dicho sin ánimo de ofender, se me entienda, pero llamo Cantamañas a los jipiboys o jipigirls, que animan y amenizan los días primaverales con ese canto al gozo primigenio de la nueva estación. Que sí, que los pajarillos cantan, las nubes se levantan, el paisaje se abrillanta con  el sol y todo es nuevo al despertar.  Todo eso ocurre. Y se vienen arriba los muy ladinos, pasando por alto a las infames que preferimos otras estaciones. Sí, confieso: soy invernifera. O más bien: otoñifera. Aborrezco esa incursión en el discurso laudatorio y cursi de tanto canto y loa primaveral. Hasta el mismísimo shishi de leer y oír la alegría que produce esta estación (para mí) odiosa. Que no se cortan de expresar su emoción;  de hacer mil y una fotografías a arbolitos, setos, y floreados parques haciendo panegírico de las floraciones que nos producen lagrimeos,estornudos  dantescos y cansancio generalizado a las de mi grupo. Pocas y ocultas, porque callamos con vergüenza nuestra preferencia otoñal. Por miedo a lapidación popular de los Cantamañanas.

Que no es solo por nuestra salud, no. Es que a una le sangran  un poco los ojos de las jipilandias que se le ocurre al personal cada año por primavera. ¡Ouuuyehaaaa! ¡felices cual perdices!  El jipilandismo se adentra en los meandros de una poesía enramada en cursilería y fantochadas varias expresando su alegría ante la floración. Y me crece el colmillo de viuda negra. Y me sale la mala leche de amante de los silencios y grisuras otoñales. Cuando nos refugiamos con manta y libro en el hogar o en el parque ruidoso a fuerza de pisar hojas secas. Que los ojos se me explayan al mirar entre nubes los presagios de un invierno que llega. Y los/as Cantamañas se ocultan en sus melancolías silenciosas y nos dejan en paz. Mientras que ahora salen, cual caracoles con lluvia, de sus caparazones y nos dejan las huellas de pisadas de nubes vaporosas de esas que huelen a jazmín y a naranjos en flor.

Que no soy de primavera, por si no se habían dado cuenta. Aunque, a mi pesar, y descontando a los/as Cantamañas, la disfrute entre estornudo y lagrima furtiva, mientras intento que mi nariz me deje de picar.

 

María Toca

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Cambiarse,los recuerdos

Nublados, los recuerdos,

se guardan escondidos del tiempo,

calcinados, a base de mirarlos

y sentir que ya no son lo que eran,

esos viejos recuerdos.

Evocación, envuelta en oropeles

de nubes estrenadas, apiladas entre olas

de nostalgia, cubiertas de tristura

que hace de ellos llamada, a la melancolía.

 Esa vieja memoria ya no me pertenece.

Dejaron de ser míos, los recuerdos,

que se van desdibujando con el tiempo

hasta no dejar ni  ápice de aquella realidad estrangulada;

a base de cambiarla, por el dolor que lacera la carne

 y el alma afligida se recrea en fantasear,

con una realidad bastante herida.

Por eso, se los cambia a trompicones

de la verdad lesionada, que luego se solaza

con la imaginación que adorna la memoria

de ansias conocidas y atisbo de mentiras

que decora la realidad que yace destemplada

en el anaquel cubierto de polvo,

donde anidan los recuerdos,

vencidos y en destrozos.

Es mejor guardarlos entre olvidos

que dejar al alma atormentarse en el engaño

de no haber vivido, tal como se recuerda,

la vida encelada, envuelta de rabiosas nubes,

de malquerencia y apaños que cube el manto

de certezas tristes y olvidadas.

María Toca-

Santander- 18-04-2018.  16,27

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Esperaré muy quieta

Esperaré muy quieta

con el andar desnudo,

como anda un fantasma

por la casa habitada…

queda, lenta, segura

hasta que tú me abraces

y me quede tranquila,

 tal que muy sosegada.

 

Luego, cuando  el tiempo se pase,

recorreré despacio,

el cuerpo conocido

los rincones secretos,

y cuando te hayas ido

me quedará el recuerdo

de tu piel, de tus ojos,

clavados en los míos.

 

Mientras tanto, no temas,

andaré muy despacio,

tal que una sombra quieta,

escondida entre lumbres

de aquel hogar perdido.

 

Recorreré los pasos

que juntos anduvimos

dejando las simientes

de un amor que no pudo

atravesar fronteras

que  las borró el destino.

 

Me quedará tu aroma

prendido de mis sábanas,

el tacto de tu piel

que cantaba en mis manos.

Y el sabor de esos besos

que jamás nos daremos

porque el tiempo no quiso

retrasar nuestros  ciclos.

María Toca

Santander- 13-04-2018. 7,00

Camino de Madrid. Estación de Renfe.

 

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De los temores ciegos

Allá vamos, andando, con el paso encendido

de quien mantiene el  cuerpo

contra el viento y se mueve

a golpes de cimiento.

Nubes de un oscuro invierno

se ciernen a poniente

donde el sol nunca llega

y  la noche hace fuerte.

Con el estío incierto

que surge en el futuro

de prosaicos amores

de  ofuscados temores …

Así, entre los visos

de las turbias ventanas

se camina despacio

en pos de lontananza.

Como camina el ciego

por el parque preñado

de colores difusos

que nunca se contemplan

por más que sigan vivos.

María Toca

Camino de Madrid, cercana a Reinosa.

13-04-2017. 8,15

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Abandonando el verde

que aman mis pupilas,

el paisaje se queja

se nos vuelve yacente.

 

Abandonado el aire

que respira de inviernos

con el agua enlodado

entre pulmones viejos.

 

Abandonando el verde…

camino de los yertos caminos

que abrigan a Castilla

alejándola de la infausta suerte

de una mar que la mece.

 

Dejando atrás montañas

trochas de la belleza

abriéndose la tierra

en gredales de cielos aplomados…

y lejos, amanece.

Fundiéndose los verdes

con las áridas rocas

de un infierno candente.

Castilla nos espera. Ciega,

sorda, renuente. Castilla, sola,

y de lejos se me quedan los verdes.

María Toca

Llegando a Reinosa.

13-04-2018. 8,2

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Días de poemas

 

Hay días de poemas.

Hoy es uno de esos días.

Caminando

hacia un destino incierto

que se logra horadando el camino

de ser cierto.

Hay días que son prosa, raudos,

rápidos, yertos.

 Días que son de hielo.

Mañana, quizá pasado llegue

el sueño concebido

detrás de los caireles

que bailaban al ritmo de

las sonatas viejas. Días

que son de bruma

o de alegría sana…

que pululan por sueños

que jamás se cumplieron.

Días que son de sombra

de puñales al viento,

que clavaron la carne

dejando la herida bien abierta

supurando verdades.

Y días que son alegres

que no dejarán huella

tan solo el regusto

de saber que, aún  con las afrentas

continúas viviendo.

María Toca

Desde el tren camino de Madrid.

13-04-2018. 7,12.

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