Sombras

Sombras de batallas pérdidas de antemano

escorzos de penurias que han pasado

y que llegan, de pronto, invitadas

de mal agüero a mi recinto, protegido,

para dejar el alma en el armario.

Escondida, alejada de tempestades  y de ruinas

al socaire de malas intenciones

sin pensar, que todo lo que ampara

aleja de la vida y se hace escara

que, al fin, nos deja solas,  desnudas

sin maleta, ante la muerte, desvaídas

y cubiertas de penumbra

olvidadas de todos, echas tierra.

María Toca

Santander-14-09-2017. 15,17.

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El Hueco de mi mesa

Hay un hueco perenne en mi mesa

un hueco que no lo llena nadie,

ni el rocío, pujante, de la mañana

en que abro los ojos a la vida,

ni el aire, que me vuela el pensamiento

cuando de nubes negras, se me puebla.

Ese hueco insondable, como el mundo

no lo cubre la nube del olvido,

ni las palabra vanas, o profundas

con que los demás amparan mi destino.

A veces, solo a veces, lo cubren las palabras

que vierto, aquí, en el lienzo del poema.

Las dejo caer, saltan apenas,

me brotan, de la profunda oquedad

que hay en mi pecho,

allí donde campaba el amor

y hoy, sufre vacío y barbecho

por el dolor que ampara el no tenerte.

Sintiendo, tal que ahora,

 la ausencia en mi morada,

en la orfandad de no sentirle cerca.

Por eso el hueco de mi mesa,

no lo cubre el destino, ni lo apresa,

el tiempo, por más que yo me diluya y me vierta,

en el  recuerdo que alimenta

y tú, en tu presencia,  tan etérea.

María Toca

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Diluida, en una suave brisa de felicidad desatinada,
me licuo por  aristas no pobladas,
solitarias. Descubrir en cada esquina la morada
que anida sorpresas y a poco que lo intente
me nace cada día, el sol en madrugada.

Me nace, me sumerge en laberintos
desconocidos, tales como yo los conocía;
siendo perenne transeúnte de mi vida,
en el cauto silencio donde comienza
mi soliloquio con la luna
pertrechada de pajaradas en olvido.

Días negros, que les siguen otros crudos,
alienados, por eso cruzo la vereda, cada día
a fin de encontrar en ese mar, la compañía
que me ampare, de los miedos conocidos
y me transite por caminos apenas explorados.

Como entonces, como ahora, como luego,
con la fuerza del beso y del salitre, encadenado.
Así, licuada, libre, con el sol adelantado
y la pleamar, trayendo sueños nuevos
me camino, me nazco, me renuevo.

María Toca
Santander­­-11-9-2016. 19,42

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Palabras ahogadas en el pecho

Palabras que explotan en el pecho

de puro fuego que llevan en sus cesuras;

palabras, que de no dichas, se expanden,

invaden el tejido y luego arden

con llama que esquilma a su paso

secando los ríos, plenos de la sangre espesa,

derramada.

Palabras ahogadas, con garras de madera

truncadas en la noche que forma la garganta

y con manos febriles, sujetadas,

para no dejarlas salir del cementerio

que forman las ideas desdeñadas.

Allí, pudriéndose, abonando la miseria

de tantos pensamientos que se ahogan,

encontrándose  callados los vocablos

labrando con su mecha la costumbre

de verse sembrados en barbecho;

a veces, dando vida a los versos

y otras, simplemente, de puro inútiles,

ahogadas en el fondo de mi pecho,

dolientes,  por no dichas,

las palabras.

María Toca

Santander-14-09-2017. 11,26

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Espacio yerto

Entre la vida y la muerte hay un espacio yerto, huido, sin ruido y sin esquinas. Un espacio que habita el desastre o la nada, que nunca bien se sabe si el corazón se dilapida o se encorcha y se hace hielo de puro dolor o de pura rabia. Entre la vida y la muerte hay un espacio que pasamos aferrados como locos a la idea de que todo irá bien, de que es imposible el descalabro, de que las horas pasan y se queda la calma, de que todo es un mal sueño. Entre la vida y la muerte hay un recodo, que si se pasa, ya no hay vuelta. Ni salida. Solo espera.
María Toca

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Carrillón del reloj

Ha sonado de nuevo el carrillón de la Catedral. De forma mecánica cuento los sonidos. Nueve. Son nueve que me indican que la noche ha llegado, que no fue una alarma la oscura penumbra apenas terciada por la luz que ilumina la mesa. Contemplo con fugaz sorpresa el tintineo que mantiene el reloj en la pantalla. Verificado, son las nueve. ¿Cómo puede ser si hace un momento conté solo seis y la luz derretía la  estancia con un sol tibio que mordía los muebles? Volví a contemplar de nuevo los números que en la esquina derecha mostraban la hora. Las nueve y cinco. De pronto un mordisco leve cruzó por mi estómago. Era hambre, o la sensación, apenas intuida de que hace por lo menos seis horas que no ingiero nada. El tiempo se ha diluido sin darme ni cuenta mientras sigo expectante contemplando la historia que mis dedos artríticos, desgranan delante de mí.

 

A mi espalda, siento la voz que me narra lo que yo refiero. Y sigue, sin pausa, por eso, levanto mis ojos, tomo una pieza de fruta, un poco de pan y sigo con ello. A poco, las siento. Son doce. Sin prisa, van desgranándose como lentos sonidos perdidos entre las grisuras de una noche sin luna. ¡Es posible! exclamo. Mientras la figura que a mi espalda me sopla la historia me aprisiona fuerte,  me indica que siga. Que sin mis palabras se muere, me dice,  y yo sigo, apenas me quedan diez páginas. Luego, ya más tarde, cerraré los ojos, la voz huirá hasta el día siguiente cuando, avaricioso, me traiga otras vidas, otros cuentos y otras historias.

Ya no es hora de cenar. Me acuesto a ver si con la premura me duermo y sueño que llegan el señor del bigote y el gabán oscuro, y me vuelve a soplar al oído una historia nueva.

 

María Toca

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Infiel

No, hace tiempo que supe

que el pecado no existe

ni el desatino de perderse

en unos ojos altivos

que no sean los propios

o aquellos, que se ven cada día.

Que el amor campa libre

por escuetas veredas

y pocas veces, se queda

en la alcoba prendido

de quien deba prenderse.

Por eso, por libre, por altanero

por saltarín inquieto, el amor

no se vende, ni se apresa siquiera.

Y sé, porque me lo dijeron

que dejar de querer

tan solo, es patrimonio

de quien haya querido,

aunque duela, aunque enfade

no sentirlo primero…

Porque así es la pasión,

un infierno muy fiero,

con llamas encendidas

y muy  poca razón

que suele abandonarse

cuando alguien, sin aviso,

quiere  bridarla  prieto.

María Toca

Santander-13-09-2017. 13,10

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