La deserción

Tan solo se quedaron

 las pavesas ardientes

de aquel fuego que creímos eterno

…y nos duró tan poco

que aun, lo echamos de menos.

Cómo pábilo cárdeno

ardió entre áuricos juegos

de aquellas primaveras

en que todo crecía y el viento nos soplaba

siempre el mismo, de cara.

¿Qué pasó entre las algazaras

y los torvos silencios?

¿Qué rutina tan fiera

nos dejó sin recursos?

cuando la noche fría extendía su manto

y ya, aunque miramos al cielo,

bien cuajado de estrellas,

el silencio y la usura

nos convirtió en extraños.

No supimos qué hacer

cuando el fuego cayó sin filigranas

y la torva mirada de la terne distancia

nos acunó con ganas,

hiriéndonos la espalda.

¡Que silencio tan frío!

que soledad tan fiera

decorada por los largos silencios

por las noches sin luna

por el lecho contrito

columpiando en la nada.

Cuando en el atardecer

de aquel día cualquiera

sentí la puerta abrirse

empujando el batiente

 y tus pasos tan lentos,

perderse en el camino;

lo supe, amigo, amante,

lo tenía bien claro

que el viento te llevaba

a buscar otras  fuentes.

Y aquí sigo, en la casa

que nos sirvió de nido

envuelta en la mantilla

que sirve cual rebozo

de mi pena y tu marcha.

 

María Toca Cañedo©

Santander-16-06-2024. 12,35.

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Decepciones

Casi se emparejan, decepciones sufridas

con las viejas contiendas

tal que  años cumplidos…

mientras,  se cierne en paralelo,

con dolor y con miedo

la zozobra y el tedio.

En cada esquina se urde un desafío

 saltándose sin mirar al vacío

y volcando la rabia

en el pozo sin fondo

de los tercos engaños

que ciernen  el silencio.

Son tantas las zozobras,

las batallas perdidas

en derrotas sin cuenta

con tercos desencantos,

vendidos

al postor de la ingenua

casa donde me hallo.

Urdidas frustraciones

y yermos los guijarros volados

de un camino que al punto

nos pareciera nuevo.

Cuando vencida y rota

se cae en la batalla

por cientos de desmanes

que no dejan de ser

 siempre, la misma contienda

librada de costumbres

y de ciegos mirares.

Decepciones, vacíos,

entre gritos de guerra

con palabras tan hueras

que al decirlas se aquieta

el viento y otra vez

tornan como fantasmas

las sombras a hacer guardia.

María Toca Cañedo©

Santander-15-06-2024

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Guerras pasadas

Hubo contienda, que lo cuentan los cuentos;

en un tiempo morían, tristes penaban

gente que ahora amarillea

en sus fotos colgadas, con la frente marchita

mirándonos con lástima, tornando la cabeza

hacia la nada.

Hubo contienda, en un sitio lejano,

también la hubo cerca, siempre violencia

que devoró el pasado, dejando las secuelas

que hoy padecemos.

Gente que mata a gente, mujeres negras

ahogadas por las penas, caminan ciegas

y tornan  paso a paso,

hacia lejanos puertos.

Huida ciega, contienda de silencios,

 exilio, pena, añoranza de  la tierra cercada

por amplios batallones, por nubes negras.

Partieron  hacia puntos lejanos, en lontananza

dejando los paisajes con el polvo que cubre

la tierra yerta.

Hubo  guerras, me contaron despacio,

 cuando lejano el tiempo,

se escuchaba romper en el silencio

 golpes de  muerte, que son sombras larvadas

 ruidos, acervos ruidos,  de  tierra levantada.

-Muros caídos, casas sin gente-

Me contaron, en tiempos, de bárbaras batallas

donde los niños, tristes en soledad,

vagaban siempre,

buscando a la  madre, o una simple hogaza

que llevarse a la boca

matando el hambre, sumergidos en  miedo.

Silencio, escucha…que suenan las sirenas

traen consigo, gritos de guerra.

Me contaron aquello…

 historias viejas -pensaba inocente-

 Pasado incierto, que ahora somos mejores,

en el presente…

Todo pasado, me convencía…todo de antes.

Que no, me dicen, porque ahora los tambores

de otra contienda, comienzan a sonar,

entre estertores, con gritos y quebrantos,

que dicen, patria, cuando  solo quieren decir:

emolumentos, ganancias y prebendas

para unos pocos…

Los otros, los nuestros, los míos, tuyos, aquellos,

serán los que cubran de ceniza sus cuerpos

mientras, en soliloquio, una madre temprana,

llore a sus nenes.

Me contaron batallas, contiendas encendidas

cosas antiguas…

Ahora que lo pienso,

siempre es lo mismo, batalla sin sentido,

que torna cada poco con el tajo afilado

de sus cuchillos.

María Toca Cañedo©

Santander-03-06-2024. 19,39.

 Foto: “Migrant Mother” Dorothea Lange, 1936

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Esos sudarios blancos

Esos sudarios blancos, níveos hasta hace poco,

esos cuerpos pequeños, que perdieron la vida,

ese momento aciago, cuando los ojos cierran

y en la boca se cuaja la mueca de tristura.

Esos niños pequeños, que volaron al aire

y desde allí nos miran esperando respuestas.

Esas madres  dolientes, esos pechos sin alma

porque el dolor es tanto que la vida se escapa

dejando hueco profundo, que nadie llenará

Ese grito en la noche, esa luz que deslumbra,

ese golpe en la casa, esa infame venganza…

 

El sudario te cubre, pequeño, con pudor escanciado

que nos vela tu cuerpo, la frialdad nevada

de tu rostro chiquito, de tu boca cerrada

de labios apretados que jamás, esbozarán sonrisas.

El viento torna ciego el polvo del desierto

y tu madre te clama, en la noche estrellada,

buscándote, enloquecida, por donde antes jugabas.

Esas lágrimas secas que cuajarán su cara

cada día de tantos que pasará en tu busca,

porque nadie renace cuando existe un sudario

que cubre al bienamado y lo deja enterrado.

Esos sudarios blancos, níveos hasta hace poco,

ese viento de guerra que  azota a la tierra,

esas miradas torvas que no quisieran ver

al niño que, encerrado, en su sudario, clama,

por tierra, por un trozo pequeño de patio

donde sus pies volaran y creciera en la calma

mecidos por la brisa de un mar Mediterráneo.

 

Esos sudarios blancos, esos cuerpos enjutos

 nos claman, nos interpelan…

Esos niños pequeños que nunca crecerán

esas bestias feroces que nunca aplacarán

la ira, el odio ciego…esa sed de victorias

de tierras masacradas, yertas, germinadas

de sudarios tan blancos, de niños tan pequeños

que malditas están.

Ese grito silente, de los blancos sudarios

serán como fantasmas, serán como almas en pena

que acompañan la vida de quien no quiera mirar

María Toca Cañedo©

Santander-30-05-2024.  22,21.

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Lo que importa

Lo que de verdad importa…

se nos olvida, a veces.

Importan las miradas

que nos hacen vibrar por las esquinas,

pensar que de esos ojos haremos

puerto y vida.

Importan  los suaves amaneceres

que vemos, escondidas tras los visillos

envueltas entre brumas y sueño

 que nos prende aún del brazo

y nos mece, risueño, entre golpes de estío.

Las noches con estrellas,

entreverado el cielo con sombras  y luceros,

las penumbras que crecen

entre el umbrío bosque

y el naciente de un río.

La sonrisa radiante  de un niño

que nos mira, con embeleso ardiente;

la mirada del viejo que nos escucha

y asiente, con la boca ladeada

de escepticismo amable.

El agua cuando hay sed,

la comida caliente,

el lecho que nos abraza cuando andamos renuentes.

Y el mar con su espuma

con las olas brillantes,

y el brioso murmullo

del amigo que llega a curarnos los males.

Importa lo que sientes, lo que vives ahora,

importa lo que cumples, lo que olvidas,

importa, lo que amas, lo que respiras,

importa lo que eres…

María Toca Cañedo©

Santander-27-05-2024. 18,28

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Rafah

 

Es la hora del milagro aparente,

prodigio cotidiano que me lleva

a desear permanecer más tiempo

aquí, frente a una página en blanco

con la mente transida

y el poema en la mente…

Es el atardecer.

La hora en que se pierde el sol

se llegan  las nostalgias

que luego, volcaremos

en folios con mil alas

que correrán al viento.

A esta hora, hacia el este

el sol estará huyendo, escapando

de ruinas de hambres candentes.

A esta hora, hacia el este,

 hay calcinado un cielo;

el adobe ha huido y la escarcha no vuelve.

A esta hora, a cualquier otra hora,

un poco más al este,

 hay una ciudad que trocada en olvido

con sus muros desechos y su frentes cautivos

se despide del tiempo

tan leve, que ha vivido.

A esta hora, hermana, un poco más al este

hay llanto de unos niños que no encontrarán alivio.

A esta hora, un poco más al este,

no queda ya esperanza,

 ni atardecer  solaz porque el viento borró

la esperanza y la vida.

A esta hora, mi hermano, allí, en el este,

existe una ciudad perdida que ni  llora ni grita

porque quedó transida entre bombas y muerte.

Mucho me temo, hermana

que a esta hora, a cualquier otra hora,

las vidas, los vivientes fantasmas

se queden en olvido

y nosotras sigamos con el verso

contando endecasílabos.

María Toca Cañedo©

Santander- 10-05-2024. 18,36

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Me gusta la gente

Me gusta la gente con historia

la que vela su mirada traspasando

los velos de la infancia;

la gente que sonríe con los ojos

y tras la sonrisa puede que se  mantenga escondidas,

un torrente de lágrimas amargas.

La que habla de verdad sin que se note

 mientras esconde entre  visillos su morada.

La gente grande que hace cosas pequeñas

y la pequeña que, de pronto, se da cuenta

que viste traje de presteza.

La sencilla gente que no vende

criterios ni bellezas

porque sabe que solo lo barato, tiene valor

aunque sea alto -por más que digan-

porque nadie puso precio a un amanecer

ni al beso que el amante puso en piel amada.

Me gusta la gente que se asoma

de mañana a gritar las alegrías

por ver llegar de nuevo el sol a su morada,

o la que, en torbellino, se equivoca,

para luego, tornar a la carrera.

La gente que no miente, y si lo hace

es por causa buena…por no herir, ni ser herida,

por quien vive entre maleza y hojarasca

y suele  agredir a puro gusto por el placer

de sacar garras para defender lo indefendible.

La gente de agua clara,

la que se implica, la que salta,

corre, tropieza y se escaralla.

La gente de verdad, la de barrio de alta cuna

o la que se rebaja hasta el infierno

si con ello puede salvar su alma

o la de alguna persona que anda cerca.

En fin, que me gusta la gente

que hace historia, aunque solo sea

un pequeño apéndice en la aventura

de estar viva,  mientras  vive en pleno incendio

mientras le crecen nuevas alas cada día .

María Toca Cañedo©

Santander-07-05-2024. 19,37

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Una tarde

Era una tarde lóbrega y espesa

el sol escondido haciendo burla

mientras las nubes corren cual centella;

detrás de los visillos una vela

con una copa de vino en espera.

No era verano, tampoco primavera

ni el futuro auguraba  halagüeño

-ya lo dije- tarde triste sin nada que contar,

con poco que escribir, huera la mente

de espesura y basto recorrido,

 con la espera de no tener bastante.

De pronto un rayo surgió por la ventana,

-nada especial- apenas fogonazo,

tan breve como luminoso,

inundó la monotonía adyacente.

¿Eras tú o era tu quimera?

pregunté ante la figura que se abría

entre la pesadumbre y la maleza

de la tarde anodina, presa a fenecerse.

¿Eras tú? tal vez fuera un recuerdo

que me sopló en el oído preces o plegarias,

“no estás sola” me dijo en un suspiro

cuando ya desfallecía con el tedio.

Contemplé

el remanso de mi vida.

Conformé

la paz que andaba inmersa

entre los soliloquios y la prisa.

Por eso, digo, era una tarde nimia

sin nada especial en la reserva

que al punto tornose luminosa,

esclarecida, porque quien tuvo vida,

se rebeló, bailó, amó entre sonrisas

o llantos dolientes , con pasión,

no se apaga, porque el recuerdo

es pábilo que arrasa la nublada.

María Toca Cañedo©

Santander- 20-04-2024. 20,14

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Aprenderme

Aprenderme tu piel cuando amanece

mientras la tibia mano despacio la recorre lentamente

dibujando con pinceles de ansias nuevas,

entre tanto los dedos anillándose en tu vientre.

Esperando al día que amanece

y tú despertando, a poco me solazas

y miras tal que si fuera sorpresa

mi presencia, tornándose la pasión

en dulce espera de explosión o brasas candescentes.

Observar la orografía de tu espalda

con sus montes, valles y geodesia;

respirar el aire que traspiras

mientras las sábanas nos sirven

de parapeto al mundo y sus excesos.

Amar y ser amada entre estrellas

aspirando aromas de los cuerpos,

trascendiendo, mientras la pasión

se van llenado de fuego nuevamente.

Orar sobre un pulpito abrasado

con oraciones impías que nos mecen

entre el infierno y la dulce sensación

de amanecer juntos o no ser nada.

Así, como aman los salvajes,

te amaría.

Así, como se enciende una fogata

se prendería mi piel al contemplarte

mientras tú, sereno y sonriente

aplacarías la sed en duro embate.

Soñándote en la distancia, intuyendo

las idas y venidas de tu suerte

mientras en el reloj dan muchas horas

hasta que llegue el incierto momento de tenerte.

Quizá no sea tan otoño para quererte,

o podamos parar la ruina de los cuerpos

que de forma inexorable se contienen

a base de intuir la primavera

y el incendio que producen los encuentros

que nunca fuimos a buscar, pero que vienen.

Amor de primavera en invernales,

amores que pueden caducar, efímeros y breves,

amores dulces, en espera

de una página del libro que nos cuenta la vida,

mientras vivimos entre la dulce zozobra

y la espera.

María Toca Cañedo©

Santander-19-04-2024. 19,36.

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

¿Dónde estabas?

¿Dónde estabas tú cuando yo andaba

pisando los  rastrojos en sucios pedernales?

cuando la muerte era siempre compañía

y la noche se cernía por mi frente

guarecida por la  guadaña que  me abatía lentamente.

¿Dónde estabas tú cuando corría por andenes

mientras perros me rabiaban cada paso

y sus fauces se clavaban en mis piernas

mientras los guardianes azotaban mis carnes cada poco?

¿Dónde te escondías cuando madres

desgarraban a tirones  dura  tierra

intentando, en vano, arrancarle los restos de un pequeño

que marchó solo, convertido en polvo y proyecto de sus sueños.

¿Dónde estaba tú cuando el miedo nos ahogaba las gargantas

y oxidados goznes se cerraban a mi espalda

al momento de que el tren emprendía la marcha en madrugadas?

Dónde, cuando gritaba ¡piedad! entre alambradas

y al poco  se me desgarraba la garganta

 ahogada de silencios,  plomo y tinieblas insalvables

que auguraron que la muerte estaba cerca

cercando la esperanza con guadaña.

¿Acaso me amparaste cuando esbirros bien armados

nos conducían, presos, en   larga  cuerda hasta la cárcel?

¿ Me cubriste  con tu brazo levantado?

o simplemente torciste con amplia indiferencia la mirada.

¿Acogiste a mis pequeños, les diste amor, alguna tibia esperanza,

o simplemente les libraste de la sed con agua fresca?

¿Secaste, acaso,  su sudor

o les diste un buche de algo parecido a la pitanza?

¿Creíste compañero,  que  estabas  salvo?

que la cobardía que vestías era armadura

 protegiendo por siempre a tu persona y a tu hacienda..?

Ya los ves, aquí los tienes. Han llegado,

ahora las bombas caen, como entonces,

solo que es en tu terraza, en tu tierra,  en tu casa…

Ahora los tiros los disparan contra ti, tus hijos, tus amantes

y el hogar  se te derrumba lentamente

mientras tú lo contemplas con tristura

sin tener, siquiera,  el consuelo,  de haberlo defendido.

No lamentes, compañero, el barrunto de los males

porque cuando viste el dolor pasando por tu lado,

volteaste, cual cobarde, la cabeza por no verlo.

No levantes los brazos, no hagas preces

porque al fin, te llega, compañero,

 lo que ampliamente bien mereces.

María Toca Cañedo©

Santander 17 de abril 2024. 8,33

Publicado en poema | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario