La niña que fui

No sé si queda mucho, poco o nada,

de la niña que fui, trenzando alas,

escuchando canciones por las noches

envuelta en silencios y borrascas

mientras volaba mariposas

asomada al quicio de  ventanas.

No sé si hay poso o se diluyó por la tronera,

la niña, de trenzas prietas que callaba

escuchando cantar a un grillo triste

que siempre le alertaba madrugadas,

o sigue latiendo en el pecho

las mismas  o diferentes percepciones.

Con calcetín a media pierna,

cintita blanca en el pelo,

mirada huida en los ojos

y un corazón en bandolera…

No sé si sigue por aquí, esta pequeña

o se marchó cuando esperaba

un tren volcado de esperanza

y tornó triste a su morada.

  1. TOCA

Santander 19-11-2022.  11,28

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Que loco empeño nos asola

haciendo carrera de la vida

cuando debiera ser paz y guía

plena de momentos disfrutados.

Luego, al paso firme de los años

vas dando cuenta de desfalcos,

malvivencias, prisas locas

o cálculos errados, tiempos muertos.

Es río rápido, la vida

que se despeña sin sentirlo

por eso haz calma, saborea

cada día, lo que la jornada te depara.

  1.  María TOCA

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Habrá que acostumbrarse a lo sencillo,
a caminar descalza por el rio
a refrescarse la frente en agua clara
y luego, descansar, tendida en la yerba
mientras vemos avanzar la madrugada.
Comer la fruta fresca de la tierra
y sopas de pan con leche,
recién ordeñada, a una vaca.
Respirar fuerte,
buscar refugio cuando llueve
y levantarnos con el día
hasta fundirnos, felices, con la tierra.
Habrá que acostumbrarse a ser tan fragil
como siempre fuimos, hasta ser una
con la naturaleza, cada día.
M. TOCA

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Nos barrerá el viento

Nos barrerá el viento, ocultando las resmas

del paso que tuvimos por los tristes senderos

por los que caminamos.

Como hojas caídas, por remolino impío

 pasaremos, livianas, a pesar de la vida,

que el presente nos brinda

y el futuro,   nos  muestra.

¿Quedará algún recuerdo?

o las briznas de brisa que fue la subsistencia

serán ocultadas por la  tierra quemada.

¿Qué será de mis libros?

¿Qué será de las fuentes?

que abrevaron la sed y calmaron la fiebre.

Plegaran los olvidos, por la senda vivida

y al fin cerraremos, con brío,

el telón de la historia que vivimos pacientes.

Pasos en el vacío…

hueras  huellas sin tino

así pasa la vida y se allana a la muerte.

¿Dejaremos testigos?

o el silencio aplastante

sepultará el camino

por el que caminamos,

mientras estamos vivos.

María Toca Cañedo©

Santander 9-11-2022. 21,12

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¿Soy yo?

De pronto me doy cuenta que conozco más historias

del pasado, escritas y fijadas en la memoria

con imperdibles frágiles. Ausentes

que salen de paseo algunas veces.

Son historias que me hacen sonreír,

 en ocasiones, otras,  enturbian  de tristeza la memoria.

Atrasadas, compartidas por amigos renuentes,

veteranos de batallas, como yo, bien presentes

que vivieron largo trecho, de mi mano

o al rebufo de otras vidas,   similares,

que en esquinas contumaces conjuntamos.

Me percato de que son historias viejas,

tan pasadas, que solo las recuerdan veteranas,

minorías escasas: antiguallas.

Me contemplo en el espejo mientras

largas filas de vivencias se me escriben en la cara

y sobre la piel, se me prestan los pliegos

de vivencias gozosas , o de infiernos mal parados,

angustiosos.

¿Soy yo? me pregunto ensimismada

o muté en otra diferente,  anidando

en mi cuerpo, marchitándolo ,

tal que aciaga, mal avenida,  adversaria.

 

¿Soy yo? me pregunto, contrariada,

porque en mi recuerdo hay una niña

con coletas, ojos grandes y sonrisa ladeada

que camina despacio, soñando ser mayor,

cargando libros, desganada,

de paso hacia la escuela, con otras niñas,

que como ella, desdibujan su cara diluyéndose

entre tizas, encerados y un pulcro profesor, bien afeitado.

 

¿Soy yo? me inquiero, con enfado

la que cuenta historias que anidan en la memoria

tan caducas y pasadas

que solo las comparten viejas glorias

-contumaces memorialistas-

envueltos en vapores que  los años funden,

trascurridos entre llantos, risas

o los cuerpos florecidos, que teníamos.

 

¿Soy yo la del espejo?

o muté en persona respetable,

algo risible y desdeñada

con años y vivencias contrariadas…

No lo sé, no hallo respuesta

ni me reconozco en esa que se muestra

con rictus amargo, mirada de tarasca

y una historia escrita en trazos firmes

que no puedo ni leer, ni   trasmitir

porque es aciaga.

María Toca Cañedo©

Santander- 3-11-2022. 20,12

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A ciertas alturas de la vida

espero sobresaltos encendidos

de letras que me exalten,

poemas que brillen como dagas

y me laceren el alma, como ellas.

Espero borracheras cada día

del aire marino que me nutre,

solapar el dolor con besos tiernos

y despertarme con entusiamo

permanente.

Que no me acose la penuria

ni me llague con su furia la tristura

y se quede fuera de mi casa la pereza.

Espero seguir teniendo furia

que me importen las injusticias

y seguir peleando luchas bravas

de todo lo que me molesta y me perturba.

Luego, cuando el tiempo se me acabe

quisiera perdurar un tiempo breve

en ciertos corazones y en las cosas

que escribí, estando quieta.

 María TOCA Cañedo

Santander, 30-10-2022.

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La que no fui

A veces añoro lo que no sucedió

los momentos vacíos,

o llenos de un silencio gritado…

Los besos que no di

o los abrazo yertos que se dieron al viento

porque ya te habías marchado.

 La palabra callada,

la risa comprimida,

el paisaje no visto,

o el amor solapado.

El perro que no tuve

o la sombra esbozada

desde donde surgía

una amarga tristura

por lo que nunca tuve.

Hay lugares perdidos

que nunca visité,

amores que no fueron

porque no estaba ahí

y al fin, un corazón cansado,

se aburrió de esperar.

Yo no estaba en el lugar  concreto

ni supe encontrar

el momento   preciso

para enlazar las manos

y fundir los escorzos

de rostros bien amados.

A veces, como ahora,

 viendo que el camino  acaba,

 añoro a la otra yo, construida,

que perdí por senderos

que nunca caminé.

Laberintos bien ciegos

amores y penurias

que se quedaron quietas

 anidando, ordenadas,

en endebles recodos

de las cosas  perdidas

María Toca Cañedo©

Santander, Parque Altamira, 11,30, 29-10-2022

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Esperanza

Se muere la esperanza,

a veces se nos muere,

inane, inapetente, famélica desgana

que no tiene alimentos ni solana

ni perrito custodio que la guarde.

Por eso, se nos muere

y bien que quisiera yo  que fuera

lozana, fuerte y estridente…

mantenida en el tiempo.

Resistente, como columna dórica

o bloque  de piedra donde asirme

con la fuerza suficiente y no rendirme.

Pero nos languidece;

quizá sea porque  hay cosas,

que la hacen desposeída y renuente,

como planta alejada de semilla

y del sol… hasta del agua,

que, debieran mantenerla y no agotarla

hasta que, al fin, la fría helada

diera término y confinara su sustancia

en alimento, grato para el cielo.

Y mira que la  sustento con palabras,

versos, malos, infames como éste,

o con historias que le cuento por las tardes

cuando desvaída, me siento ante la vida

y repaso los cuentos que me salen.

Ella, se amustia, se envanece y se desidia

quizá porque este mundo la dispersa

y le asola verse cubierta de cenizas,

de las otras esperanzas, que como ella,

se desvanecieron un día de tormenta.

María Toca©

Santander- 14-10-2022. 12,04.

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Nueva vida…

¿Y ya podré aprender a caminar despacio,

contando los pasos que me restan

de un camino emprendido en los abismos

o de recuerdo apenas solazados?

No sé si aprenderé a alzar los ojos

para contemplar bien el paisaje

que antes se deslizaba por mi espalda,

sin apenas notarlo, por el ansia.

Tendré la paciencia preparada

para conformar mis pies al nuevo viaje

que ahora se impone, como antes

la  torpe carrera que emprendía

a cada momento, peleada con la vida.

Lo dudo, a fuer de ser sincera, bien lo dudo

que tengo el tiempo escaso, dosificado

y con aldabas fuertes, custodiado

porque son tantos las vainas que me restan

que no sé si con marcha lenta

los consiga, o se me queden prendidos

justo entre los dedos,

ambiguas cosas por contaros.

María Toca Cañedo©

Celebrando el retiro de la vida productiva, que lo laboral ni intelectual.

Santander- 4-10-2022. 12,  35.

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Ya me voy, no hace falta que me excluyas.

 

No os toméis la molestia de excluirme,

yo me descarto para siempre.

De los que tiran piedras sin mirar

al bulto  oscuro, cuerpo sin fuerza, labrado del destino

que llega, pleno de triste incertidumbre,

arribando   a la costa desvalido,

buscando, como poco,

una mano  generosa que se tiende

y la paz que se le hurta en otro sitio.

Me elimino de ese grupo de profetas

que ven al enemigo en  las esquinas

y mojan su suerte en las heridas

que portan, los que llegan, tristes, advenedizos

 quedándose varados en la puerta .

Me autoexcluyo del poder,

-ignominioso poder- de unos pocos,

que se ejerce,  soberbio, ante los nadie

 aplastando su orfandad  con mano firme

mientras pliegan la rodilla ante el infame.

Me  elimino de las patrias excluyentes

con fronteras levantadas a poniente

que ahogan, sin piedad,  a los que  arriban,

 huyendo de la muerte, desnudos, con hambre,

 portando la esperanza en su maleta.

No quiero tener nada que ver

con quien besa a poderosos

despreciando, con descaro, a los de abajo,

abriendo el buche, sin tener nunca bastante

y dejando sin soldada a los hermanos.

No hace falta que te tomes el trabajo de expulsarme

porque  marcho, cierro esa puerta para siempre

y me lanzo al camino,

en busca de otro país y de otra gente.

Jamás vuelvo al lugar  envenenado

donde  abusan de un poder infame por seguro,

 donde  ponen alambradas

persiguiendo la libertad…o hacen con ella

nudos fuertes con los que aprietan las gargantas

 hasta ahogarles, dejándoles sin halito de vida,

sin fe, sin fuerza y sin ambages los expulsan,

luego de haberlos explotado lo bastante.

Marcho, huyo de la cerrazón

de las costumbres, del miedo

de los que protegen con fiera mano

lo de antaño, mientras queman la tierra

explotando lo común como bien propio

haciendo  este mundo irrespirable.

No me eches, ya me voy, marcho yo sola

a calzarme las sandalias del sufriente

y a buscar la tibia mano del  hermano.

Son mi gente. Son mi patria.

Mi camino en el desierto.

A ti  te regalo las prebendas,

los honores y los cirios

con que, algún día,

iluminarás tu cadáver floreciente.

 

María Toca Cañedo©

Santander- 24-09-2022

Imagen Anne Magill

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