Aquí estamos…

Aquí estamos, resistiendo,

haciendo palanca

con las fuerzas escasas  que nos restan,

minando el suelo con sudor

y horadando la tierra con las manos

por ver si plantamos la simiente

de rebeldes y dejamos a los mansos

bien afuera.

Aquí estamos, levantando barricadas

al aburrimiento y a la muerte

dejando que crezcan las hortensias

y se nos llene el suelo con las flores

que riega el sudor de tanto apaño.

Crecidas, con las manos en alto

o bien cerrados esos puños

que enrabietados, miran al cielo.

Aquí estamos, como siempre,

los mismos, las mismas

en repunte de revoluciones

que minan los viejos senderos transitados.

Aquí andamos, en consonancia

con los que se levantaron

hace tiempo, regando la tierra

con su sangre.

Redimiendo el horror de los nadie

y pergeñando la nueva sociedad

que a poco, se nos vire hacia delante.

Aquí estamos. No somos muchas

pero siempre con la voz y la palabra…

yo diría que no seremos bastantes,

pero somos suficientes

para reducir a nada la contienda

que libran, los que riegan la historia

con el miedo y destrozan el mundo

a su conforme.

Nosotras, las calladas, las muertas,

a pesar de ello somos gritos

que funden el hielo y hacen fuego

con el amor, el verso y la palabra.

Por si no lo sabes, aquí estamos,

mejor te vienes a ponerte aquí,  a mi lado.

María Toca

Santander-17-09-2020. 18,00

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Escondida

Voy a esconderme en un rincón oscuro,
donde me encuentre con la niña aquella
que decoraba de sueños las esquinas
y se alimentaba de historias de Salgari,
Stevenson, Dickens y Alcott
mientras labraba el destino con sus manos.
Soñó tanto, quiso ser tan fuerte
que dejó guijarros de piel enmarañada
y hoy recorre con pena los despojos
de lo que pudo ser historia y apenas
se quedara  en una triste y lánguida viñeta.
A fuerza de soledad labró castillos
donde esconder el alma y que el guijarro
no pudiera dañarla ni  arrebatarle
la libertad y la alegría.
En las almenas puso cien cañones
y balas de acero que disparaba
al que osara acercarse demasiado.
Quizá por eso, hoy renace,
sola, perdida y yacente…
aunque se mantiene libre
aun con heridas y agotada
de tanto luchar contra la muerte.
Presto el fin, la busca por rincones,
a la niña aquella de amplia frente,
la soñadora, la escriba, la triste,
esa que se esconde en su alma
y vaga decrépita, por  rincones.
M. Toca
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Ricones

Se me ocurren mil cosas
para llenar de un ruido silente
los rincones ocultos
que descubro entre sombras.
Un libro, una amiga, un hijo, un hermano,
con el té helado enfriando mis manos
y el aroma de la hierba en secano.
Se me ocurren mil cosas…
quizá porque el tiempo
me cerró las espitas y respirar,
a veces, hace un poco de daño.
Se me ocurre buscarte entre las tibias redes
que tejido el magnolio,
en ese rincón dulce
donde tu alma alada, recupere su sitio.
M. Toca
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Amor…

Amor, me gustaría partir hacia la hoguera
que forma nuestra pasión escarmentada,
poner vela y enhebran horas en desvelo
mientras las almas, hablan solas, en silencio
contemplando, ahítas de amor, la madrugada.


Amor, pongamos proa a la aventura,
dejemos la costumbre a los idiotas
para dejarnos mecer, suave, por las olas
y luego, cuando toque morir,
arribaremos a una isla solitaria,
con las manos unidas, comulgando
con el mar, la espuma y la sombra de tu pecho.


Amor, huyamos… No dejemos que nos atrape
la contumaz costumbre y nos aprese
la norma porque sin darnos cuenta,
nos deshilacha el amor
y a poco que la dejemos nos haga viejos
sin poder abrasarnos con los besos. .
M. Toca

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Vida

Prefería llevar la maleta vacía

…sin tanto peso, que arrastrar pudiera

por el acantilado que nutre la vida

sin dejar, por ello, el alma, en  cada pisada.

 

Prefería caminar ligera cual  pájaro humilde

al que solo preocupa,  hallar su comida

y  luego, raudo,  volar raso sobre las estrellas

que preñadas de luces,

le saludan con amplio descaro.

No portar tanta carga cautiva

de memorias, de nostalgias vacuas,

que asolan mis pasos y doblan la espalda

con lastre quejumbroso

de viejos  pasados.

¡Volar! volar por alturas, contemplar

el mundo, tal que siempre  nuevo,

sin el peso de tantos recuerdos

ni el corazón dolorido

de tantos destierros.

No se puede tornar al camino

antes recorrido pese a que desde la lejanía

lo contemple con vano denuedo

queriendo volver a pisarlo…

sin carga, ni ganga,  ni melancolías.

 

Al final del  sendero, se llega

portando  pesada maleta

donde van guardadas las pericias,

los besos, abrazos, y tantas sonrisas…

también los desfalcos,

las lágrimas secas

y algún desengaño.

Y todo en conjunto, lo llamamos vida.

  1. M. Toca

Santander- 28-07-2020. 12,42.

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Nostalgias

Nostalgia que pinta los recuerdos
de barnices ahumados
dibujando colores que el tiempo difumina.
 
Añoranzas que retornan a veces
cuando un olor, un recodo, un paisaje
nos recuerda que no hace tanto
aún éramos niñas jugando en las cunetas.
 
Niñas, que corríamos veloces
agitando el espejo, dando prisa al tiempo
como si no fuera él, quien trotara
sin dejarnos aliento, ni atisbo
en la memoria.
 
 
Queríamos volar, cuando apenas
las alas brotaban y dábamos bandazos
jugando con la suerte
adversa o favorable, contraria o tolerable
cual ruleta dispersa…
 
Oh, tiempo de cerezas
en donde corríamos felices
cual aves que a poco
abandonan el nido y parten
hacia un mundo, que ignorábamos
hostil, a fuerza de carreras.
 
Cuando hoy, los olores a yerba,
a yodo, a vino y a frambuesas
nos sugieren, cual pájaros esquivos,
recuerdos y memorias
que casi creíamos cautivos
del tiempo y la pereza.
M. Toca
Santander- 26-07-2020. 18,57
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Memoria

Se me hace de pensar que la memoria

guarda el dolor en frente con anaquel abierto

para poder tomar, con tiempo,  el recuerdo

y leerlo con calma a cada poco.

Se me hace que la memoria guarda

la iniquidad y el sufrimiento

en huellas mojadas en cemento

para que no se olviden y se guarden bien seguras,

a dispensa de que sean guarecidas

de los oscuros vientos del olvido.

En cambio, aquella risa, la mirada feliz,

el suave borboteo de unos besos

o el canto del pájaro matutino

que nos encontró envueltas en sudor

entre abrazos, vino y pasión …

esas cosas ¡ay amiga! esas cosas

se diluyen como azúcar en agua

 a poco de vividas trotando entre meandros

corriendo siempre, raudas, río abajo.

Se hacen humo, tan breves, como   pábilo

se consumen a poco de disfrutadas

sin dejar más huella y sementera

que en la piel,  leve caricia

empolvada entre olvidos renuentes

y dichas gozadas entre sueños.

Que selectiva es, que mal nacida,

la memoria, que nos deja desnudas,

sin historia, y nos trae con voz amarga,

esa maldita, memoria, tan ladina

lo que mejor yaciera en el olvido

sin dejar más poso que el triste aprendizaje

y el mensaje de que todo es vanidad de vanidades.

  1. Toca

Santander-18-07-2020. 23,35

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Vida

Tú no programas la vida,
te sale así.
Te encuentras con el dolor en una esquina
lo ves, lo contemplas desde la distancia
y no puedes evitar mezclarte en barro,
indecente barro donde la vida
chapotea y se ennegrece.
Otro día te encuentras con la cara del destino
con la abyecta proyección en desafio
con la verdad, oculta, tras el velo
de mil llagas sangrantes
que respiran.
Mañana pondré cara al horror
y luego, quizá, viva para contarlo.
M. Toca

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Mujer modelo

Parece como si nunca hubieran visto a una mujer desmayada. Como si fuera nuevo el espectáculo de una mujer entrada en años a la que se le cae la tensión. O algo parecido, malo no creo que sea, la verdad, porque yo mal no me encuentro, si acaso un poco mareada que llevo días con la cabeza dando vueltas y el equilibrio como cuando nos subimos a la lancha marinera que nos lleva al Puntal. Pero no es para tanto. Llevan varios pinchazos, analítica va y viene, cuchichean entre ellas que piensan que no me entero pero sí. Me entero y veo las medio sonrisas que se dedican entre ellas,  que si digo la verdad no sé a qué vienen y resultan molestas. Porque a ver, no es que sea una enferma pero merezco el mínimo de respeto. Estoy en urgencias. Me han traído desde casa al encontrarme la niña –digo niña por costumbre pero la verdad es que tiene veintiséis- tirada en el suelo de la cocina. Derretida sobre el linóleo  recién fregado que hasta para eso tengo puntería. Me desmayo al terminar de fregar y a punto de provocar un incendio. El pollo andará carbonizado,  menos mal que no me dio tiempo a poner la sartén que quedó llena de aceite sobre  la encimera como recuerdo de lo que pudo pasar.

Una desgracia, mismamente. Lo cual no les da motivo para las miradas altaneras que me lanzan mirando de soslayo, que digo yo, malo no debe de ser lo que tengo porque no las veo serias. Preocupadas y silbeantes sí. El médico ha venido como de pasada, con los aires  superiores de los que andan a mayores. Se le nota que lo mío no le preocupa demasiado. Les ha dicho: “Seguid el protocolo, B12 a pasto, comunicárselo a la familia, proponer ingreso y dar dirección. El protocolo porque son altos los niveles”

Que digo yo qué de que niveles habla, porque a mí no me explican nada. Hablan como evitando palabras. Tampoco pregunto; prefiero eludir que saber. Sí he de ser sincera algo sospecho pero no quiero dar a mayores la intuición. Y es que me he pasado. Lo sé. Me llevo pasando demasiado tiempo…

Quizá me engañe y no sea lo que pienso, pero esas miradas y las caras de sabiondas sin piedad que me dirigen  van confirmando la sospecha. Y la B 12, que o poco entiendo yo o sé bien porqué se pone. Y no. No es para tanto. Esto mío ha sido una bajada de tensión como una casa. Vale que en los últimos tiempos quizá me haya excedido pero no para tanto. Si ellos supieran menos sonrisitas llevarían en la cara. Seguro.

El cuerpo da para lo que da. Llevo tiempo tan cansada, abusando de la Dexedrina por la mañana, en la que me apoyo como si fuera el salvoconducto que me pone en forma, sabiendo que  sin ella no podría ni dar un paso. Levantarse a las seis día tras día sin tener un descanso porque el mayor dispendio se produce el domingo y pocas veces puedo bajar de las siete y media en el día del Señor, que ya me digo, será del señor porque a las señoras nadie nos concede ni día ni hora.

El padre apenas duerme durante la noche  moscardoneando  hasta verme de pie. Estoy tan agotada que sin la Dexedrina no podría dar un paso. Que no tome seguido, me dice el de cabecera con cada receta ¿no tome de seguido? y ¿qué hago entonces? De dónde saco las fuerzas, dónde busco la energía para atender al padre, lavarle entero, dejarle cambiado y recostado, preparar el desayuno de todos porque en casa ni  dios pone el café. Qué bien les gusta pero nadie se acuerda de  hacer una sola cafetera. Luego toca la casa, corriendo, sin respiro dejo las cosas más o menos acaldadas, porque soy consciente de que necesitaría una buena limpieza a fondo más que el socorrido lavado de cara habitual. No puedo hacerlo, que ya es bastante lo realizado. Me apaño con un poco de orden y la limpieza justa para no mostrar desaliño.

Salgo para el trabajo a las ocho menos cuarto,  menos mal que me recoge Primitiva porque  sin ella la mañana no me daría de sí. Vuelvo a las tres…a veces encuentro la mesa sin recoger. No, a veces no, siempre. Los demás han comido  dejando hasta  las migas y los platos en la mesa como si no pudieran ser más decorosos. ¿Cómo voy a prescindir de la Dexedrina? Le pregunto al doctor, y pienso para mis adentros: sin matar a mi familia.

Al llegar del trabajo estoy tan cansada, tan absolutamente rota que las más de las veces ni como no por falta de hambre sino por el agotamiento que me invade. Vuelta a limpiar al padre, cambiarle el pañal, darle le vuelta, atender sus quejas que son muchas y con razón, mi pobre. Toda la mañana solo, sin moverse de esa cama que le tiene preso hasta que la vida se le expire, que dios me perdone, a veces  hasta lo deseo. Y no, porque ha sido bueno a morir. Sin él no tendríamos ni casa. Nos ha ayudado siempre con sus pequeñas (a veces no tan pequeñas) aportaciones que han ido salvando  los naufragios. Desde que Tadeo se quedó en paro, allá por el 2008 con la niña estudiando y el chico pequeño. Sin él no sé qué hubiéramos hecho. Siempre estuvo cuando le necesitamos.

Que menos que cuidarle en su vejez si todo lo que tenemos se lo debemos a él. Los demás parecen olvidarlo considerándole un estorbo pero yo no. Es mi padre y ha sido nuestro salvador. Aunque me confieso que  no puedo evitar mirarle y pensar: “papa, que ya  ha vivido usted bastante, total para qué. Cruzado en esta cama que está sin más visión que la pared de enfrente porque hasta la ventana da a patio. Descansaría usted, padre si se fuera”  Me mira con esos ojillos lunáticos, vidriosos, con la muerte escapando por  ellos y se me parte el alma.

En ese momento cuando tengo que echar mano de la copa de vino. Para compensar la mala conciencia. Y que bien me sabe. Cinco minutos, poco más, porque hay que poner lavadoras, preparar la comida del día siguiente, recoger a Santiago, llevarle a karate, hacer la cena. Y la tarde se va en nada. Antes de cenar otro volteo al padre…que suele ser el peor.

A media tarde se va. El esfínter se le suelta y enfanga hasta la cama. Con suerte no moja las sábanas pero pocas veces ocurre, que tengo el olor a muerte y a heces dentro de la piel. Por mucho que la enjuago, que la raspo con esponja de crin no sale el maldito olor. Hasta Tadeo me lo dice en la cama: “Joder, Encarna, hueles a viejo” Y a que quiere que huela el sinsorgo. Si él al menos me echara mano…No, que no es su padre, me dice, bien que cogió el dinero cuando nos arregló la vida. Bien que aceptó el piso cuando nos acogió al perder el nuestro. Hueles a viejo, me dice. Él no. A él le llueve la colonia y la gomina cuando sale al bar todas las tardes con la disculpa de la partida, del futbol…o de cualquier cosa. Hasta pienso si no tendrá a otra. Pero no, ¿quién va a querer  a semejante mueble? Claro que agradecería algo de ayuda. Pero no, Tadeo es de la vieja escuela, me dice siempre. “No me enseñaron Encarna, hija, y los dedos se me hacen nudos en la cocina o haciendo camas. Luego te veo a ti tan bien dispuesta  riñéndome si lo hago mal, que me da cosa” Que le da cosa, dice. Pues aprende, que otras cosas bien las aprendes. Hasta creo que lo hace a posta. El atabalearse, digo, porque no es normal que un hombretón sea incapaz de hacer una cama o de fregar un plato.

Esa copita me sabe a gloria. Cinco minutos sola…con ella. La casa quieta, silenciosa, yo en el sofá como si no hubiera mundo…Claro que no es solo una, pueden ser dos, a veces tres. Por alargar el momento, no por beber, que para mí el alcohol, fíjate tú ni fu ni fa.

Luego, mientras hago la cena caen alguna más. No más de dos…quizá son tres…

Al acabar estoy tan rendida que hasta el sueño sale corriendo. Cabeceo a eso de las diez, me llega el sueño en oleadas hasta perderlo del todo porque no puedo acostarme cuando entra . Creo que si a esa hora pudiera echarme evitaría el Sedonat…pero no puede ser. También podría dejarles la cena en la mesa y pasar de todo, pero no puedo. Como si una voz o una soga me atara a las obligaciones que me he creado y no merecen.

Tadeo torna del bar a las nueve y media, la niña a eso de las diez, el día que viene que no son todos porque los más se pierde hasta la madrugada sin que sepamos ni dónde ni cómo. Hay que ponerle un poco de freno a esa deslenguada, porque no es vida. Con tanto trasnoche, no me extraña la pelea que tengo al levantarla para el trabajo. Poco le puedo decir, porque es tan linda mi Margarita. Por eso la espero hasta que dan las doce, por si llega y cena. Luego sí, volteo al padre, le acurruco en su cama, mientras sus ojos se me clavan muy adentro. Quizá es el miedo a que la muerte le sorprenda en la soledad nocturna sin que podamos hacer nada por rescatarle de su mano. Me mira y siento que me desfallezco…A veces musita: “ay Encarni, hija mía, cuanta lata de doy y qué cansada andas”Va a darme la lata, padre, que va. Son esos desnaturalizados que no me ayudan” le respondo. Y a su forma me sonríe y se me ablanda el alma.

Entonces tomo el Serosat con otra copita y duermo sin pausa. Es un sueño denso, repudiado,  con pesadillas que nunca recuerdo. Por eso al sonar el despertador mi cuerpo necesita química para obedecer porque de no ser por ella mis piernas, mi entendimiento no responderían. Y sí, claro que me paso que bien me lo dice el de cabecera cuando receta pero ¿qué puedo hacer?   Y estos me miran como si fuera una delincuente. Poco saben ellos la batalla diaria que libro sin refuerzos. Poco saben ellos lo que cuesta estar viva, más que morirse.

Fin.

María Toca

Imágenes Paula Rego.

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Barrios

Siempre me interesaron más los barrios

que las grandes avenidas,

rimbombantes  de oropeles,

luciérnagas de falsa luz

de lujos sin ambages.

Soy más de callejuelas inconstantes

rincones de sombras con orines,

claroscuros, penumbrosos

con balcones que miran a la calle

con obscena curiosidad de mal vecino

que derrocha la vida a raudales.

Y cuando la luna se cuelga de la noche

busco la zozobra que me asalta

entre los viejos setos  encumbrándome

sobre vergeles de arbustos

que se abrazan a flores mal cuidadas

en los rincones ebrios y oscuros

de los malos barrios, donde habito.

Prefiero caminar entre peligros y rizomas

que en el lustre del gozo falso y conocido,

andando los caminos escarpados de los barrios,

que se decoran con la plata

que le sobra a la luna

cada noche en su melena.

Barrios de colores prístinos,

con churretones de rocío mañanero;

barrios de polvo, vivos

donde los niños gritan

y la madre alevosa

se asoma fulgurantes a la tronera,

con el aviso, a gritos,

de que ya está servida la pitanza

y el padre se impacienta

sentado, como cada día,  en la mesa.

María Toca

El Puntal- 27-06-2020. 13,28.

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