Descubrimiento

13

El día que Arsenio Román vio el mar, se le estrellaron los ojos contra una marea nublada de nubes de sal, que nunca olvidó, mientras dejó que sus pulmones se impregnaran de la húmeda certeza que el viento iba en su contra. Se le despeinó el tupé mientras contemplaba ese prado grande, matizado de verde esmeralda con salpicones de plata, mientras a lo lejos se alejaba la niña de sus ojos, en pos de un sueño.

480555_542689475775680_274686440_n

Ella, Martita, la niña de sus ojos, había querido venir, con ahínco, con ensañamiento lo repetía sin freno, hasta conseguirlo: “Arsenio, quiero ver el mar…anda, que no lo conozco”. Mientras él cedió, no sabía muy bien el motivo, quizá los ensoñadores ojos de Martita tuvieron algo que ver, o los mohines que hacía con la boquita, mientras suplicaba.

Llegaron tres días atrás, mientras la mirada de Martita se abovinaba entre los córchales de la costa y se dejaba ir tras la marea plateada, con la ensoñación que la derretía el alma. Desde el principio Arsenio, pensó que no fue buena idea. Hoy cuando debían hacer las maletas,  confirmaron sus miedos, las palabras de Martita, pronunciadas abocinando la boquita mullida y golosa.

62422_542407549137206_1258176461_n

-Yo no me  voy Arsenio-

-¿Cómo dices Martita?- dijo, apolismado, introduciendo la ropa en la maleta.

-Que me quedo. Me he enamorado- dijo ella, desde la puerta.

-¡Martita, no  digas tonterías!-

-Arsenio, me quedo con el otro. ¡Que no me voy!, no insistas-

-Pero, Martita, a ver, ¿qué has tomado, hija mía?-

-Arsenio, he conocido a un hombre .Nos hemos visto desde lejos. Él columbraba en las rocas, mientras yo paseaba. Nos hemos mirado largamente, Arsenio. Contemplado con la misma mirada, su soledad y mi nada, y he comprendido que no te amo, Arsenio. No me caso, porque ni tan siquiera, te tengo simpatía- dijo apoyada en  la puerta, con prisa por irse y acabar cuanto antes,  mientras  él, la miraba con ojos alunados y esperpénticos.

164440_542652385779389_352946157_n

El tren renqueaba mientras la raya azulada y espesa se diluía en el horizonte, a lo lejos, Arsenio, creyó distinguir un cuerpo que a otro se abrazaba, mientras el viento barría con premura la desconchada carretera que corría paralela a las vías. Con los ojos entornados de rabia y unas fugaces lágrimas, comprobó que era Martita, abrazada a la figura enhiesta de una estatua del marinero errante.

Acerca de Maria

Escritora María Toca: 1ºPremio Ateneo de Onda Novela, 2016: Son Celosos los Dioses 2ºPremio de Relato Ateneo de Fraga: El Paseador, 2014 Finalista Premio Internacional de Relato Hemingway, 2013 Finalista de varios premios más de relato. Poeta Articulista/Coordinadora/ Fundadora de LA PAJARERA MAGAZINE. Obra publicada: Novela: El Viaje a los Cien Universos Son Celosos los Dioses Relatos coral: Vidas que Cuentan
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.