No llamó nadie a la puerta
esta tarde. No esperaba visita
ni estandarte, que hiriera el silencio
de mi casa.
En realidad, no espero casi nada
de la vida, tan solo
continuarla con el alma escarmentada
tal que si hubiera cruzado la vereda
que me separa de la muerte
tan cercana. Deseada, por ausente.
No sentí el timbre ni el nudillo
de la mano amiga, que escuchara
el lamento afligido, o el sonido
de palabras quebradas por el miedo.
No llamó nadie a la puerta, esta mañana…
El miedo, que siempre empuña armas
con cuidado
y despierta, como Lázaro,
en madrugada
presto a ahogar las ilusiones,
a apagar el fuego
de algún amor tenue
que me añore o que calme
con caricias las ausencias.
Por eso, nadie llamó
a mi puerta esta tarde.
El silencio fue mi compañía
y tan solo, empuñé como arma
contra el tedio:
la palabras, que nunca, jamás,
por mucho que la use
me abandona. Algún poema
un escrito y la siempre añoranza
de lo mío.
María Toca
Santander-24-12-2016. 20,03