Carrillón del reloj

Ha sonado de nuevo el carrillón de la Catedral. De forma mecánica cuento los sonidos. Nueve. Son nueve que me indican que la noche ha llegado, que no fue una alarma la oscura penumbra apenas terciada por la luz que ilumina la mesa. Contemplo con fugaz sorpresa el tintineo que mantiene el reloj en la pantalla. Verificado, son las nueve. ¿Cómo puede ser si hace un momento conté solo seis y la luz derretía la  estancia con un sol tibio que mordía los muebles? Volví a contemplar de nuevo los números que en la esquina derecha mostraban la hora. Las nueve y cinco. De pronto un mordisco leve cruzó por mi estómago. Era hambre, o la sensación, apenas intuida de que hace por lo menos seis horas que no ingiero nada. El tiempo se ha diluido sin darme ni cuenta mientras sigo expectante contemplando la historia que mis dedos artríticos, desgranan delante de mí.

 

A mi espalda, siento la voz que me narra lo que yo refiero. Y sigue, sin pausa, por eso, levanto mis ojos, tomo una pieza de fruta, un poco de pan y sigo con ello. A poco, las siento. Son doce. Sin prisa, van desgranándose como lentos sonidos perdidos entre las grisuras de una noche sin luna. ¡Es posible! exclamo. Mientras la figura que a mi espalda me sopla la historia me aprisiona fuerte,  me indica que siga. Que sin mis palabras se muere, me dice,  y yo sigo, apenas me quedan diez páginas. Luego, ya más tarde, cerraré los ojos, la voz huirá hasta el día siguiente cuando, avaricioso, me traiga otras vidas, otros cuentos y otras historias.

Ya no es hora de cenar. Me acuesto a ver si con la premura me duermo y sueño que llegan el señor del bigote y el gabán oscuro, y me vuelve a soplar al oído una historia nueva.

 

María Toca

Publicado en microrrelato | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Infiel

No, hace tiempo que supe

que el pecado no existe

ni el desatino de perderse

en unos ojos altivos

que no sean los propios

o aquellos, que se ven cada día.

Que el amor campa libre

por escuetas veredas

y pocas veces, se queda

en la alcoba prendido

de quien deba prenderse.

Por eso, por libre, por altanero

por saltarín inquieto, el amor

no se vende, ni se apresa siquiera.

Y sé, porque me lo dijeron

que dejar de querer

tan solo, es patrimonio

de quien haya querido,

aunque duela, aunque enfade

no sentirlo primero…

Porque así es la pasión,

un infierno muy fiero,

con llamas encendidas

y muy  poca razón

que suele abandonarse

cuando alguien, sin aviso,

quiere  bridarla  prieto.

María Toca

Santander-13-09-2017. 13,10

Publicado en poema | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Ausente

El mundo anda ahí afuera

y sigues en silencio,

callada, con el manto

de nubes bien repletas,

la gloria y el espanto

de estar, tan bien acompañada.

 

Escuchas el rumor

del viento en tu ventana,

a los lejos, un pájaro aletea

se remonta y te canta

con el suave gorjeo

de quien tiene las alas,

la comida y el cielo.

 

Tú, sigues callada,

como si no hubiera nada

más allá del recuerdo

que anida en tu ventana.

 

Y sigues bien callada,

quieta, lánguida, ausente

envuelta entre las redes

que teje la mañana,

mientras notas, ausente,

que aquí, en tu espalda

te crecen más las alas.

María Toca

Santander-9-9-2017.

Publicado en poema | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El hueco de aquel invierno frío

Hay un enorme hueco

distante y oscurecido

que se pierde en el tiempo

en que marchó al destino

mi alma, casi mi carne,

aquel día aciago, cuando el invierno

nos teñía de frío.

 Se me fue la memoria

o la echaron, a empujones de rabia;

me quedé sin recuerdos,

como casa vacía, con el hogar extinto.

 Las cortinas bajadas

y el silencio impío

de las casas calladas.

Así, se me quedó la mente

en ese invierno frío

cuando tú te marchaste.

Mientras,  se me  iban los tiempos

y los ojos se velaron de miedo;

 en el pecho un hueco

profundo y mesurado,

se me cubrió de escarcha

con un dolor helado.

.

Ese hueco vacío

ese rincón oscuro

¿duró solo ese invierno,

o fue mucho más tiempo?

No sabría decirte, porque no lo recuerdo.

 

Fueron días y noches

envuelta en las sombras

que me envolvían toda

y yo, como un juguete

caminaba, comía

sin tino y sin memoria.

Por eso, el pensamiento, se apiadó

de mi aciaga existencia,

borrando aquel tormento,

dejándome hasta inerme

sin mención y sin voces,

pero no sin recuerdos.

María Toca

Santander-5-9-2017. 18,02

Publicado en poema | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Fuera

Se me quedan afuera

el ruido y las monsergas

 llegando en murmullo

lejano, con sordina,

las tenues herrumbres

de la calle, que asolada

se cierne sobre mi ventana inacabada.

Aquí, en la soledad de mi guarida,

tengo mi piel absuelta

de todo lo que incita

al viento y la discordia

dejándolo fuera

bajo el dintel

de mi puerta cerrada

ante los vaivenes de la historia.

Con el cristal bajado,

dejando que tan solo entre la luna

e ilumine los tibios rincones

de mi alcoba. Sin mancharla, siquiera,

tan solo la traspasa y se queda

en forma de sutil capa

que perfume de soledad

alimentada por costumbres, solapada

tejiendo un manto de esperanza

sobre los muebles

que envejecen, bajo la pátina dorada

de mi pensamiento y la memoria.

María Toca

Santander-3-9-2017. 20,35

Publicado en poema | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Llegan tarde

Llegan tarde, el perdón y los besos

aquellos que me debes

porque nunca me diste.

 

Llegan tarde los soliloquios

mudos que nunca dedicaste,

y las palabras que tus labios cerrados

sepultaron de firme

porque  no las dejaste

salir y pronunciarse.

 

Llegan tarde, los minutos robados

que nunca dedicaste

a contarme tu vida

o a dejar que en silencio

te contara mis cuitas…

 

Llegan tarde, a la cita

de los viejos recuerdos

esos que se decantan

en veredas umbrías

o   las  dulces sonrisas

que jamás solazaron

a los muchos olvidos.

María Toca

Santander-31-8-2017

Publicado en poema | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La de entonces

Desfilan por mi cuarto

aquellas, que eran el yo de entonces,

me visitan, a veces,

cuando menos lo espero. Me cuentan

las chanzas y las penas

de aquella, que eran yo,

la de entonces.

Se quedan un rato, convulsas,

aparentan cariño, incluso hasta me besan

luego se van altivas,

apenas se dan cuenta

 que apenas queda nada

de aquella, la de entonces.

Tan solo una mirada,

quizá un sonrisa, y poco más

que el soplo perdido

que hoy, le llamamos vida.

María Toca

Santander-30-8-2017. 11,08

Publicado en poema | Etiquetado , , | Deja un comentario