Mirando la ciudad

 

fotos movil 4078 Caminé por la ciudad a una hora que no suelo hacerlo. Dejé el coche en el garaje y deambulé por los diferentes estamentos a los que debía dirigirme en busca de reseñas oficiales imprescindibles. La ciudad a esa hora, despertaba entre lenta y recién lavada, mostrando la frescura de unas calles adecentadas durante la madrugada por manos anónimas que nadie ve cuando están, pero las añora si no efectúan su trabajo mecánico de forma puntual. Tengo la suerte de vivir en una ciudad bella, donde casi siempre, caminar es expandir los ojos por irredentos paisajes que cambian cada minuto. A condición, claro está, de que una no se pierda por barriadas inmunes al ojo del turista o del adinerado. Allí,  nos podemos perder entre aceras desconchadas, portales pintados de verde perdido, casas disconformes en alturas, callejones o estrechamientos de vías, sin más motivo ni causa que espurios intereses de tiempos no tan pasados. Pero no era el caso. Hoy mis actividades se desarrollaban en el centro, en las vías que contemplan extasiadas una bahía que entra, con descaro, en la ciudad ampliando horizontes y haciendo que los ojos se acostumbren a la belleza, tanto, que apenas si la perciben de puro vista.fotos movil 4028

Esa mañana, mientras caminaba deprisa, en busca de papeles oficiales y respuestas rebuscadas que dan los funcionarios para hacerse notar, decidí contemplar con ojos de visita la ciudad, que prestosa a mis ansias, se dejaba acariciar por el viento suave que es suyo más que nada: un suave nordeste que la peina a media mañana, poniéndola guapa y refrescándonos a nosotros para cincelar los trabajos y los pasos que de no ser por el viento amigo, serían bastante  cansinos.

Apuré el camino contemplando el horizonte que junta y maneja los distintos tonos de verde de una paleta infinita. Dejé que los ojos entraran en tiendas que no conocía, aunque hubiera caminado delante de ellas, mil veces. Contemplé le devenir de personas, que como yo, caminaban, con prisa, sin fijarse mucho en el decorado, perdiendo el ímpetu que puede influir en un día si nos dejamos llevar por la incierta belleza que nos circunda. Vi rostros enjutos, con ceño de cemento, con labios apretados para ser tan temprano. En algunas miradas vi miedo, en otras, esperanza, en casi todas, un cierto y temido desamparo que da el caminar solos a una hora donde todos llevamos un destino, un fin, y pocos, una ligera sonrisa.fotos movil 9488

Me propuse, a partir, de ahora, mirar. Contemplar con ojos turistas mi calle, mi ciudad, mi barrio, mi casa, mi gente. Mirar, con ojos primerizos, las esquinas, los negocios nuevos, como barre la acera la joyera, o como se presta a limpiar los cristales, la de la mercería, como si la vida se le fuera en ello. Como el del banco, camina, inmerso en sus cuitas, quizá, pensando a quien colocar el fondo de pensiones que le sacará, ese mes, de una precariedad anunciada. Al del bar, colocar las sillas, en espera de los parroquianos, que todo esté en su orden, que vengan, que se haga buena caja. Y a algunos, que tienden un trapo, que pone: “soy pobre, es triste pedir, más triste es robar”, colocan un cesto y luego, con calma, se tumban y esperan a que alguien, con ojos visitantes, les mire  y les deje un óbolo.fotos movil 7950

Me prometí mirar. Quizá a partir de ahora, me encuentre historias, amigos, o vidas que poder contar, aventuras, paisajes diversos. O nada, tan solo contemplar con calma lo que me rodea. Que ya es mucho.

Acerca de Maria

Escritora María Toca: 1ºPremio Ateneo de Onda Novela, 2016: Son Celosos los Dioses 2ºPremio de Relato Ateneo de Fraga: El Paseador, 2014 Finalista Premio Internacional de Relato Hemingway, 2013 Finalista de varios premios más de relato. Poeta Articulista/Coordinadora/ Fundadora de LA PAJARERA MAGAZINE. Obra publicada: Novela: El Viaje a los Cien Universos Son Celosos los Dioses Relatos coral: Vidas que Cuentan
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