Jarrones chinos

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¿Qué nos pasa cuando nos hacemos viejos/as? Pregunta obvia donde las haya, lo sé. Nos arrugamos, se nos derriten las carnes, envilecemos la mirada, y el pelo se clarea sin piedad, o con la piedad de un buen tinte. Hay vejeras y vejeras, me explico. Hubo viejos como Saramago, o San Pedro (José Luis) que relucían en lucidez y juvenil ímpetu de lucha social. He conocido a más, que no nombro por desconocidos, pero los hay. Luego están los otros. Esos que calzan chaqueta cara, canas pulidas, cara mofletuda, abotargada de marisco, whisky caro y reunión de Consejo de Administración de lustre. A esos, los años les suelen tratar mal. Se les agria el gesto, lo que antes deslumbraba como arrogancia generosa, se vuelve lacia soberbia, intransigencia letal y desalmada. La mirada se les vuelve impía y sucia. Como a esos viejos verdes que contemplan con lascivia inútil a púberes en parques y jardines. Esa vejez virulenta y caduca que siembra tristeza y comodidad en lo que antes era voluntariosa rebeldía. El olor se les vuelve acre, como de moho y la piel se acartona tal que si, más que envejecer, se volviera esfinge seca, sin vida. Cuando eso ocurre, solemos pensar que el sujeto/a, se vuelve un jarrón chino. O un barón. Todos/as sabemos que quiero decir.images (14)

Recuerdo las lágrimas de emoción, enhebrando recuerdos de los que ya no estaban, allá por el 82. Era Octubre, el 28, para ser exactos. Fíjense si lo grabé en la memoria. Dos hombres jóvenes, uno de ellos guapo, moreno de verde luna. Se asomaron a un balcón, con los dedos hicieron gesto de victoria y nosotros/as nos creímos que ¡por fin! había llegado la hora de la verdad. La hora de que los proscritos/as,  los perdedores, las vencidas de la triste historia de un país caínita, nos resarciríamos. Que se me entienda. No era venganza, ¡nunca! Era hermandad y progreso. Era poner la cultura, la modernización, la igualdad, la justicia, la solidaridad, el internacionalismo,  por delante de espurios intereses. Que quieren que les diga: así éramos de ingenuos. Nos creímos que las dos Españas se fundían en un abrazo soterrado de buenas intenciones.

Pero se hicieron viejos. Aquellos jóvenes se tornaron caballeros interesantes e interesados,  a la vez que acumulaban consejos ejecutivos y direcciones generales, aplacaban ideales y se llenaban de caspa. El enemigo, fue ladino. No mandó tanques, envió puertas giratorias, consejos de administración, puros cubanos, whisky de Malta y buen brandy. Y se creyeron dioses. Y dejaron de creer en el pueblo. Luego ya, se hicieron viejos, se olvidaron de donde y como comenzó el camino.c

Aquí andamos hoy, sin timón ni brújula, perplejas ante lo que vemos, lo que oímos a los que antes, admirábamos. Llegan nuevas ornadas de jóvenes pletóricos de buenas intenciones, a los que miramos como con pena, pensando si serán como ellos: aquellos antiguos mozalbetes que hoy son viejos. Nos da pereza cambiar. Nos da vértigo comenzar de nuevo. Quiero creer que algún día sacudiremos esa inercia, daremos un zapatazo en el suelo, despertaremos a los dormidos y dejaremos que los viejos jarrones chinos, cuenten sus batallitas. Pero a sus nietos. Mientras nosotros comenzamos un nuevo camino.

No sé bien cuando, pero hace falta.

 

Santander-28-9-2016. 18,26

Acerca de Maria

Escritora María Toca: 1ºPremio Ateneo de Onda Novela, 2016: Son Celosos los Dioses 2ºPremio de Relato Ateneo de Fraga: El Paseador, 2014 Finalista Premio Internacional de Relato Hemingway, 2013 Finalista de varios premios más de relato. Poeta Articulista/Coordinadora/ Fundadora de LA PAJARERA MAGAZINE. Obra publicada: Novela: El Viaje a los Cien Universos Son Celosos los Dioses Relatos coral: Vidas que Cuentan
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