Bourbon Seco

axo

Todas las noches, de forma ineludible, al sonar las nueve, entraba. A base de ocurrir, el suceso, se hizo predecible, tanto que yo levantaba los ojos, contemplaba el reloj que tenía enfrente; los bajaba con la parsimonia de lo esperado, dejándolos caer por la envergadura de madera y listones que  sujetaba un espesa puerta y esperaba que el aire cortante de la calle, saltara por el hueco, invadiendo el terroso calor del local,  cuando entraba él.

Su  figura era desarrapada, ladeada por la cintura, como si fuera un junco batido por el viento, era más alto de lo que parecía, debido a ese desviamiento y a un caminar arrastrando los pies y doblando las rodillas, como se le pesara moverse. Se asomaba por el hueco de la puerta, con el mismo titubeo lánguido de todas las noches. De la comisura de su sonrisa, colgaba una suerte de aburrimiento. En los ojos braceaba una mezcla de tedio y suficiencia, como si por ellos hubiera pasado demasiada vida, incluso, a veces, el color se le tornaba turbio, como de pavor.

Caminaba hasta la barra, trepaba por el taburete, acaballaba las botas de tacón cubano, en el alzapié, despacio, como si no conociera la prisa. Para entonces, yo, tenía preparado el bourbon, con una piedra, seco, en vaso corto, tal como lo pidió la primera vez. No mediaban palabras, más que las que se contaban nuestros ojos.

Después, su mano, agarraba el vidrio, como un naufrago agarraría el salvavidas. Pasaba la lengua por unos labios secos, agrietados, a veces, regodeándose en el paladeo que segundos después enjuagaría su paladar. Bebía un trago corto, luego otro. A los cinco minutos el vaso estaba vacío. Yo volvía a llenarlo, muchas veces durante la noche, tantas que perdía la cuenta de contarlas, para luego cobrar con justicia. Imposible. En el aire se mecía la voz de Ella, o de Billy Holliday, aunque pronto noté que le ponía triste, dejando en los ojos un acristalamiento que intuía doloroso. A veces era Gillespie, dependiendo del resto de la clientela.

Él, en silencio contemplaba su vaso y a mí. Alternativamente.

Acerca de Maria

Escritora María Toca: 1ºPremio Ateneo de Onda Novela, 2016: Son Celosos los Dioses 2ºPremio de Relato Ateneo de Fraga: El Paseador, 2014 Finalista Premio Internacional de Relato Hemingway, 2013 Finalista de varios premios más de relato. Poeta Articulista/Coordinadora/ Fundadora de LA PAJARERA MAGAZINE. Obra publicada: Novela: El Viaje a los Cien Universos Son Celosos los Dioses Relatos coral: Vidas que Cuentan
Esta entrada fue publicada en relato corto y etiquetada . Guarda el enlace permanente.